Por Pety
(ahora la que agrega en cursiva y entre paréntesis soy yo)
Para los que todavía no entendieron o están confundidos Betty es Betty y Pety soy yo Norma, aunque también ahí para algunos habría una confusión porque también Norma es Norma “La Figueredo ”, pero en este caso no.
Aquí estamos en el tren 9718 con destino Milano Centrale para poder ir a ver “La última cena” de Leonardo, todavía faltan 15 minutos para que parta el tren, pero siguiendo los consejos de Alfre “Vayamos temprano…Betty” (me parece escucharlo, nos pudimos poner muy cómodas, encontrar lugar para nuestras valijas (que no es poco) tomar unos mates antes de partir y sacar unas fotos hasta del baño. (si, somos del campo….y qué?, esta vez la puerta no se abría con botones, y para tirar el agua del depósito había que pisar un pedal…por momentos me sorprendo de lo inteligente que me está poniendo Europa…y aparte no estuve media hora para entenderlo!!!!)
Hoy nos espera un recorrido bastante ajetreado, sobre todo porque hasta las 11 de la noche que tomamos en tren para París, vamos a estar girando.
El día se presentó bastante nublado, pero como vimos desde que llegamos, es bastante cambiante, así que es probable que se modifique.
Seguimos esperando que el tren parta y por ahora seguimos solas en nuestras ubicaciones, parecemos dos reinas, hoy es mi último día para decir “que lindos que son los tanos!!!!!”. (ahora va a cambiar y va a decir “ qué lindos son los franceses”)
El tren se puso en marcha, seguimos solas y en poder de los cuatro lugares enfrentados, afuera llueve pero no importa.
Cuando tomamos el último vapertto se nos había acabado nuestro “Hello Venezia” pero nos dijeron q lo sacáramos en el vaporetto , conste q nunca nadie nos controló y lo sacamos igual. De vuelta en la Termini encontramos la rampa q no habíamos encontrado cuando llegamos.
Hoy nos levantamos a las 8 , yo ya llevo varios días durmiendo toda la noche, sin despertarme, mientras desayunamos (lejos el mejor desayuno…) leímos los diarios sobre lo ocurrido en Ecuador, esperamos que los países del UNASUR estén a la altura de las circunstancias… es increíble lo que nos pas : los días en Roma usamos Internet sólo para comunicarnos y recibir correo (yo en el Fb…por supuesto), pero ya en Florencia en el momento de comer , mirábamos “ 6, 7, 8” del día anterior y leemos los diarios a la mañana y a la noche….se extraña, por supuesto, no hago más que viajar en tren y desear para nuestro país un servicio así …pero también es impresionante ver como gente que estuvo en Argentina ( como la que encontramos en la puerta del Vaticano o la chica d ayer en el campanario) hablen de Argentina con ese cariño…me encanta viajar, pero no hago más que comparar y encontrar cosas buenas en nuestro país…
De Italia puedo decir que me encantó, nos encantó….
Florencia… hermosa
Venezia… romántica
Pero… Roma… ineludible
Todavía estoy impresionada por esos museos y esos lugares donde la historia atraviesa todo.
Los italianos (aparte de ser lindos) son súper amables (por lo menos cuando uno es turista, no sé q pasaría si se intentara vivir) sé maten por entender lo q uno quiere y tienen muy claro el importante ingreso q representa el turismo…
Ahora sigue mi relato (Pety), después de varias estaciones, Padua, Verona, el Lago Garda, llegamos a Milan, una estación impresionantemente grande, al estilo Retiro o Constitución pero a una escala mayor. Mucho mármol, mucho hierro, mucha gente.
Decidimos primero buscar un lugar para dejar nuestras valijas, nos costó encontrarlo pero lo logramos, pero…. Cuando el señor muy amablemente nos dijo que no podían pesar más de 20 kilos, sonamos, hubo que sacar el bolso rojo que alguna vez me regalaron en el free shop y a pasar cosas de la valija.
No sabemos si la balanza pesaba mal o querían cobrarnos tres bultos en lugar de dos, igual, listo nos sacamos las valijas de encima, ahora rumbo al cenáculo.
Buscamos la oficina de turismo y ahí nos indicaron como llegar, sin antes preguntarnos si teníamos reservas (igual que en la Villa Borghese ) a lo cual dijimos en un lindo tono de coro polifónico, SIIIII!!!!!!, bueno debíamos tomarnos el subte vede (M”) pasar cuatro estaciones y bajarnos en Cadorna, no sabíamos si nos estaba cargando (por eso de andá a reclamarle a cadorna) o si era Cadorna y Mitre (para los que no conocen es una esquina de Wilde aunque ahora es Onsari y Mitre), pero no es una estación del subte verde de Milan, y ahí nos bajamos.
Solo nos faltaban tres cuadras para llegar a la Iglesia de Santa María de la Gracia y poder entrar a ver por 15 minutos la mayor obra de Leonardo, después de la Gioconda (esa nos toca en París), solo nos faltaban 300 metros y que nos dieran nuestros tickets de ingreso que habíamos reservado hace 4 meses……
“No, Ud. No tiene ninguna reserva…… le repito Ud. No tiene ninguna reserva…. No hay lugar, esta todo vendido, no hay lugar….
Como se podrán imaginar esas palabras fueron como una patada, pero ahí estábamos en Milán, solo para ver La Última Cena y no teníamos reservas.
Luego de insistir un rato, nos sugirieron que esperáramos a algún contingente y que si a alguno le sobraba un ticket a lo mejor podíamos entrar.
Sin decir una palabra salimos y nos quedamos cerca de la puerta a la espera del milagro.
A los pocos minutos se nos acercó una chica (norteamericana) para contarme que ella y la amiga no tenían tickets y los habían conseguido así, además me preguntó que nos había pasado con la reserva… no le pude contestar…. Me puse a llorar como si me hubieran sacado los caramelos de la mano, fue una catarata de lagrimas, Betty no sabía como pararme, la chica hasta me ofreció su ticket porque pensó que había hecho una promesa ¿?.
Pero no, no lo acepté, nos quedamos a esperar el milagro ¿?, por momentos pensábamos que sí, a alguien le iba a sobrar un ticket y por momentos nos parecía imposible.
En un momento solo nos sacó de nuestra tarea (conseguir los tickets) un grupo de ¿chinos?, ¿japoneses?, ¿coreanos? Nunca los identificamos, que al unísono hicieron un OOOHHHHH!!!!!!!! Cuando un vendedor de recuerdos le desplegó ante sus ojos una sería de postales en forma de acordeón….., no lo podíamos creer, se asombraban de semejante boludez, ellos que tienen pantallas de LCD por todas las ciudades y trenes que no se pueden creer, y relojes de la más alta tecnología se asombraban con un desplegable como si fuera un truco de magia de Coperfield, OOOOHHHHH, repitieron.
El vendedor, sin dejar pasar la oportunidad, les vendió a cada uno de ellos, un pack a 10 euros, el desplegable y, un poster y varias imágenes de santos… para que querían santos estos tipos que son budistas o no se qué… no se puede creer….
En nuestro interior y sabiendo que la discriminación está mal, pensamos, “estos tipos tienen tickets para ver “la última cena y nosotras NOOOOO”
Después de dos horas y varios guías consultados, llegó nuestro salvador que nos vendió dos tickets y pudimos entrar a ver ese fresco hermoso que fue restaurado por última vez en 1999.
Con la satisfacción de la tarea cumplida nos fuimos caminando (otra vez) tranquilas hacia el centro de Milán para conocer un poco, es una ciudad magnífica, con avenidas amplias, edificios más altos y mucha más gente.
Solo pensábamos en volver a la estación terminal para prepararnos para el viaje a París, pero Milán nos premió con el Duomo y la visita a sus techos (si sus techos) por la angustia pasada un rato antes. Una catedral gótica magnífica, que lamentablemente no pudimos ver por adentro, pero lo que nos mostró por afuera fue suficiente, no nos quejamos.
Solo nos falta en el día de hoy es ver con quien compartimos camarote.
Hasta el próximo relato!!!
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